José Sacristán entrega el sombrero «mágico» de su abuelo y un proyector de juguete a la Caja de las Letras

Madrid, 17 de junio de 2026

Legado de José Sacristán
  • La caja n.º 1324 del Instituto Cervantes recibe también un ejemplar del Quijote que el padre del actor intercambió en la cárcel por un paquete de tabaco
  • Sacristán: «Yo quería ser D’Artagnan o Robin de los Bosques»
     

El Instituto Cervantes ha recibido este miércoles en la Caja de las Letras un legado del actor y director José Sacristán (Chinchón, 1937), que ha incluido un sombrero «con efecto mágico» de su abuelo y un proyector de imágenes de juguete con el que el intérprete empezó su relación con el mundo del cine.

En el acto han participado el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y el propio intérprete y ha sido testigo de honor Amparo Pascual, actriz, académica y esposa del homenajeado.

Sacristán ha explicado que entrega un legado relacionado con su trabajo, pero sobre todo con su vida. «Dejo cosas que tienen que ver con aquellos que, cada vez que los recuerdo y vuelvo a ellos, me impulsan a seguir adelante. Aquí están mi padre, mi madre, mi abuela, mi tío Francisco y mi tía Socorro, todo el mundo de aquella postguerra terrible», ha explicado.

«Entrego aquí parte de la vida de aquellos de los que vengo, en cada cosa hay un aliento, un flujo, un recuerdo y una memoria», ha remarcado, para luego empezar por el sombrero de su abuelo, que tenía «un efecto mágico». «El impulso y el sentido de todo esto es la ilusión de aquel crío que unos días se ponía este sombrero y le pasaban cosas», ha remarcado.

La caja n.º 1324 ha recibido el sombrero de su abuelo paterno, que tenía que usar cuando «los señores iban de entierro, bodas o bautizos». «Yo trepaba por unas escaleras y lo sacaba de la cámara y, cuando lo tocaba, tenía un efecto mágico, era como la lampara de Aladino. El sombrero fue mi primer vestuario como actor», ha reconocido.

«Yo quería ser D’Artagnan»

Precisamente, de esa formación de actor también ha aportado algunos objetos, siempre relacionados con la memoria familiar. Como el cine NIC, un juguete que permitía ver imágenes en movimiento, o una colección de cromos. «Todo este material va más allá de mi condición de actor en la España de la posguerra, en un entorno bastante jodido: mi relación con el mundo de la interpretación no pasaba por la disciplina profesional, yo quería ser D’Artagnan o Robin de los Bosques», ha apuntado.

No obstante, Sacristán asegura que nunca perdió «el contacto con la realidad», como lo demuestran las novelas que coleccionaba su tío Francisco y que también ha introducido en la caja. «Él me contaba el argumento y esa fue mi primera concienciación social a partir de la explotación humana. Era una forma de empezar a tener conciencia de dónde venía uno, dónde estaba y qué había pasado en los pueblos y yo tenía claro que algo había ocurrido y a mí me tocaba estar al lado del que había perdido», ha añadido.

Poesías y Quijote en la cárcel

En esta misma línea, ha explicado que el «nivel de concienciación» continuó cuando su padre, Venancio, ingresó en la cárcel de Ocaña y copió una serie de rimas y poesías en un cuaderno para «distraerse en los ratos de aburrimiento». Este documento que entra en la Caja de las Letras sirvió a Sacristán para ofrecer sus primeros recitales.

También ha depositado un ejemplar del Quijote que intercambió su padre en la cárcel por un paquete de tabaco en el año 1941 o los programas de cine con los que el actor «prolongaba el hecho mágico de la sala» cuando era un niño. «Era revivir a base de imaginación y este era mi modelo, quería ser Tyrone Power», ha celebrado.

Otros objetos entregados por el protagonista de películas como El diputado o La vaquilla ha sido un programa de la obra en que por primera vez hizo un personaje un domingo por la mañana. Al igual que el de su debut como meritorio en 1960 en el Teatro Infanta Isabel de Madrid, donde conoció a Alfredo Landa y trabajó con Rafael Arcos o Julia Gutiérrez Caba, entre otros.

También se ha incluido el disco que grabó con su «queridísima» Concha Velasco, Yo me bajo en la próxima, el guion facsímil de la película que dirigió en 1983, Soldados de plomo, o un visor con el que empezó a familiarizarse con los objetivos y tamaños para su primera película que dirigió. A ello se le ha añadido un libro de Stanislavski con anotaciones, que compró en una librería clandestina y de cuyo contenido, en sus inicios, «no entendía nada».

Hacer ‘de’ reír

«Hay una anécdota que me gusta recordar, y es cuando iba por Tarifa paseando a la noche después de una función y se me acercó una persona sonriendo. Y me dijo ‘usted es el que hacía ‘de’ reír en las películas antiguas’. Ya tengo epitafio y me encanta», ha comentado con humor.

El director del Cervantes, Luis García Montero, ha celebrado la entrada en la Caja de las Letras de un actor cuyo trabajo «pertenece a historia sentimental y moral» de España. «Una carrera no se mide solo por los nombres que la acompañan, sino por la verdad que deja en la memoria de los demás», ha indicado.

García Montero ha recordado que Sacristán «ha sabido dar cuerpo y alma al ciudadano corriente, al español de a pie que atravesaba los cambios de una sociedad con dudas y deseos de libertad». «Su trayectoria es la del cine español: conviven cine popular y de autor, comedia y drama, tardofranquismo y transición, democracia y nuevas generaciones», ha celebrado.

David Trueba y Natalia Menéndez, en una mesa redonda

 A continuación, se ha desarrollado una conversación que ha recorrido la trayectoria vital y profesional de José Sacristán, con Natalia Menéndez, directora de escena y dramaturga, y David Trueba, escritor y cineasta.

Actor de cine, teatro y televisión, Sacristán debutó profesionalmente en el teatro en 1960, trabajo que, desde 1965, ha compaginado con el cine, y la televisión hasta hoy con una extensa carrera que incluye títulos de directores de distintas generaciones como La colmena o El viaje a ninguna parte.

A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios, entre los que destacan dos Conchas de Plata del Festival de San Sebastián y un Goya, el Premio Feroz de Honor a toda una carrera en 2014, la medalla de honor del Círculo de Escritores Cinematográficos en 2020 o el Premio Nacional de Cinematografía en el año 2021.
 

Pie de foto → El actor José Sacristán muestra el juguete de cine NIC, que permitía ver imágenes en movimiento, y que ha entregado a la Caja de las Letras. Foto: Instituto Cervantes / Nacho Rodríguez Ramos

Galería de imágenes

Legado José Sacristán
Legado José Sacristán
Legado José Sacristán
Legado José Sacristán

El actor José Sacristán sostiene uno de los textos que ha legado a la Caja de las Letras, junto al resto de objetos depositados, que incluyen un sombrero de su abuelo o un disco junto a Concha Velasco. Foto: Instituto Cervantes /  Nacho Rodríguez Ramos. 

El Instituto Cervantes, titular de los derechos de reproducción y distribución, autoriza la descarga de estas imágenes para su uso responsable en medios informativos.

Mesa redonda en homenaje a José Sacristán (en el centro), acompañado a su dcha. por la directora de escena y dramaturga, Natalia Menéndez, y a su izda. por el cineasta David Trueba. Foto: Instituto Cervantes /  Nacho Rodríguez Ramos
 

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De izda. a dcha.: el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero; la directora de escena y dramaturga, Natalia Menéndez; el actor José Sacristán; Amparo Pascual, actriz, académica y esposa del homenajeado y el escritor y cineasta, David Trueba posan en la Caja de las Letras. Foto: Instituto Cervantes /  Nacho Rodríguez Ramos. 
 

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José Sacristán deja el sombrero de su abuelo entre los objetos que componen su legado: «Entrego aquí parte de la vida de aquellos de los que vengo, en cada cosa hay un aliento, un flujo, un recuerdo y una memoria», ha remarcado, para luego empezar por el sombrero de su abuelo, que tenía «un efecto mágico». «El impulso y el sentido de todo esto es la ilusión de aquel crío que unos días se ponía este sombrero y le pasaban cosas».  Foto: Instituto Cervantes /  Nacho Rodríguez Ramos. 

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