Una carta de su ‘admirador’ Borges, un soneto de Alberti dedicado y una gorra marinera, legado a la Caja de las Letras en homenaje a Fernando Quiñones
Cádiz, 29 de julio de 2026
- Además, ha incluido un manuscrito original y objetos personales como una agenda y un colgante de huesos de corvina
- García Montero recuerda que Quiñones «representa la cultura andaluza y a una cultura de diálogo con América Latina»
El Instituto Cervantes ha recibido este miércoles 29 de julio un legado en homenaje al escritor gaditano Fernando Quiñones (Chiclana de la Frontera, 1931 - Cádiz, 1998), figura clave en la difusión de la Nueva Narrativa Andaluza y el boom hispanoamericano, que ha incluido una carta de su ‘admirador’ Jorge Luis Borges y un soneto de Rafael Alberti dedicado a uno de los protagonistas de su libro La canción del pirata.
La entrega ha tenido lugar en la Casa de Iberoamérica en Cádiz, en un acto que ha servido de cierre a la Reunión Anual del Instituto Cervantes, que durante tres días de trabajo se ha celebrado en Jerez de la Frontera.
En el legado han intervenido el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero; el alcalde de Cádiz, Bruno García León, y José María Román, alcalde de Chiclana. Como testigo de honor ha asistido Mariela Quiñones, hija del poeta.
El contenido de lo depositado, que viajará a la Caja de las Letras, al cajetín n.º 1000 en el edificio del Instituto Cervantes en Madrid, incluye una de las cartas que le envió Jorge Luis Borges, quien lo consideraba «el mejor escritor de literatura contemporánea», según ha explicado el alcalde de Chiclana, y un soneto de Rafael Alberti dedicado a Juan Cantueso, el protagonista de La canción del pirata, e ilustrado por el poeta portuense.
Agenda con nombres como José Hierro o Luis Rosales
También un manuscrito original de una de las novelas de Fernando Quiñones, La canción del pirata, con sus correcciones correspondientes, así como una agenda telefónica personal de Quiñones en la que tenía anotados contactos como los de Bioy Casares o el propio Alberti, José Hierro, Pepe Caballero, Javier Krahe, María Kodama, Juan Marsé, Luis Rosales o Juan Bonilla.
El depósito se ha completado con otros dos objetos personales que ha entregado su hija: un colgante con dos pequeños huesos de corvina y una gorra marinera, que «siempre llevaba puestos». Además, ha dejado tres libros de Fotos de carne, ejemplares de su padre que «han resistido mejor al tiempo». También ha leído un poema de Quiñones, La lectura.
«Es una alegría hacer un homenaje a uno de los grandes de la literatura contemporánea, que además representa la cultura andaluza y una cultura de diálogo con América Latina. El Instituto Cervantes quiere recibir el legado de Quiñones como un legado de arena limpia en un mar navegable, desde Andalucía a todas las partes del mundo», ha explicado el director del Cervantes, Luis García Montero.
«Conexión inquebrantable» entre Cádiz y Cervantes
El alcalde de Cádiz, Bruno García León, se ha mostrado muy agradecido por la «conexión inquebrantable» que hay entre el Cervantes y la ciudad de Cádiz, reflejadas en un acto como este legado. «Fernando representa un amor a la libertad y a Andalucía, él era Cádiz y un referente de la ciudad, y lo sigue siendo», ha destacado.
Previo a este acto, la Casa de Iberoamérica de Cádiz ha albergado la celebración de la conferencia «La Constitución de 1812», impartida por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, Alberto Ramos.
Una trayectoria por distintos géneros
Fernando Quiñones nació en Chiclana de la Frontera, Cádiz, en 1930. Su obra, que abarca distintos géneros muy diversos, arrancó con libros de poesía como, por ejemplo, Ascanio o el libro de las flores (1956). Tras esta obra, publicó Crónicas de mar y tierra (1968), Las crónicas de al-Ándalus (1970), Crónicas americanas (1973), Crónicas de Hispania (1985), el libro de relatos Viento del sur (1987), Encierro y fuga de San Juan de Aquitania (1990), Legieneria (1992) y Tiempos (1992).
Fue un gran apasionado de la música flamenca, lo que se vio reflejado en algunas de sus obras, como De Cádiz y sus cantes, galardonada con el Premio de Investigación de la Semana de Estudios Flamencos en 1964; El flamenco: vida y muerte (1971), Toros y arte flamenco (1982), Los poemas flamencos y un relato de lo mismo (1983), El flamenco (1985) o ¿Qué es el flamenco? (1992).
Recibió, entre otros, el Premio de Poesía Gil de Biedma por Las crónicas de Rosemond (1998), el Premio Adonais por Cercanía de la Gracia y el Premio especial Walter Tobago 1998 otorgado en Venecia a la trayectoria de un escritor extranjero. Fue finalista en dos ocasiones del Premio Planeta por Las mil noches de Hortensia Romero (1979) y La canción del pirata (1983). Sus últimas novelas fueron La visita y La gran temporada, ambas publicadas en 1998, año en que falleció en la ciudad de Cádiz.
Pie de foto → Mariela Quiñones, hija del escritor homenajeado, posa con la gorra marinera que siempre llevaba puesta su padre y ha sido legada a la Caja de las Letras.
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