La Caja de las Letras recibe un retrato de Rafael Altamira, el pedagogo «pacifista» que respaldó a la Institución Libre de Enseñanza

Madrid , 10 de febrero de 2026

María Luz Altamira García-Tapia, nieta del homenajeado, introduce el legado en el cajetín n.º 1456 de la Caja de las Letras, ante la mirada del alcalde de El Campello, Juan José Berenguer (en último plano)
  • Una primera edición de su libro Reposo y un ejemplar de la obra Rafael Altamira y Cervantes, parte del legado a la caja n.º 1456
  • Altamira fue uno de los primeros historiadores que impulsaron la historiografía en España y estuvo dos veces nominado al Nobel de la Paz
  • García Montero: «Fue fundamental en la reflexión sobre el diálogo entre España y los países hispanoamericanos»

La Caja de las Letras del Instituto Cervantes ha recibido este martes 10 de febrero el legado in memoriam de Rafael Altamira, jurista, historiador, pedagogo y una de las figuras destacadas del Regeneracionismo español, que incluye un retrato del homenajeado hecho en lápiz y acuarela del año 1969.

En el acto han participado Luis García Montero, director del Instituto Cervantes; Juan José Berenguer, alcalde de El Campello (Alicante), y María Luz Altamira García-Tapia, nieta del homenajeado.

El legado, que incluye fotografías familiares y documentos personales, ha sido depositado en la caja n.º 1456 de la institución.

Altamira, uno de los primeros historiadores que impulsaron la historiografía en España, también fue un defensor de la paz y del diálogo entre naciones (de hecho, fue nominado al Premio Nobel de la Paz en dos ocasiones). Asimismo, impulsó y apoyó a la Institución Libre de Enseñanza y recibió toda su herencia, aplicándola posteriormente en la modernización de la educación desde cargos públicos y puestos en distintas universidades.

Así, otro de los objetos entregados a la Caja de las Letras es una carta oficial de Rafael Altamira a Manuel B. Cossío, cuando este último ya ejercía como Director General de Primera Enseñanza, en el año 1911.

El legado se ha completado con una primera edición de un ejemplar de su libro Reposo publicada en 1903; una fotografía fechada en 1909 en la que aparecen la esposa de Rafael Altamira, Pilar Redondo, y sus tres hijos y un ejemplar del libro Rafael Altamira y Cervantes, recientemente publicado en la Colección Mina de pasatiempos del Instituto Cervantes.

Diálogo entre España y América Latina

El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, ha celebrado el reconocimiento a una figura «fundamental en la reflexión sobre lo que significaba la colaboración y el diálogo entre España y los países hispanoamericanos».

«En unos momentos históricos difíciles consiguió destacar un valor fundamental: que más allá de los intereses en torno al idioma español y la historia española y latinoamericana, hay un espacio de comunidad y convivencia que es lo que nos da valor en el panorama internacional», ha resaltado.

Por su parte, Juan José Berenguer, alcalde de El Campello, ha recordado la puesta en marcha del «año Altamira» y que este acto sirve para continuar destacando la labor del «pacifista más universal». «Es un acto de justicia histórica y de la recuperación de la concordia y la reconciliación», ha indicado.

Asimismo, María Luz Altamira García-Tapia, nieta del homenajeado, se ha mostrado orgullosa por la entrada en la Caja de las Letras de su abuelo. «Nació el 10 de febrero de 1866 y, donde quiera que esté, se sentiría orgulloso de este acto 160 años después», ha afirmado.

Modernización educativa

Rafael Altamira y Crevea (Alicante, 1866 – Ciudad de México, 1951), fue una figura clave en la historia cultural y jurídica de España. Jurista, historiador y pedagogo, Altamira fue uno de los grandes humanistas de su tiempo, impulsor de la modernización educativa y del diálogo entre España y América Latina.

En julio de 1882, se traslada a la Universidad de Valencia donde estudia Derecho y establece una gran amistad con Blasco Ibáñez y el catedrático institucionista Eduardo Soler, que le pone en contacto con Francisco Giner de los Ríos, Bartolomé Cossío y Joaquín Costa.

Doctor en Derecho, ocupó cátedras en las universidades de Oviedo y Madrid, y proyectó su pensamiento más allá de España, como juez del Tribunal Permanente de Justicia Internacional de La Haya. Al estallar la Guerra Civil Española en 1936, Altamira parte para Holanda, Portugal y finalmente se instala en México.

Su obra, con más de setenta títulos, incluye estudios fundamentales como Historia de España y de la civilización española y Psicología del pueblo español, además de aportaciones decisivas al derecho y la educación.

Altamira y Cervantes

A continuación, se ha presentado el libro Rafael Altamira y Cervantes, con la intervención de Luis García Montero, director del Cervantes; Eva Valero Juan, catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante; e Ignacio Ramos Altamira, doctor en Filosofía y Letras y bisnieto de Rafael Altamira.

Este libro, incluido dentro de la Colección Mina de pasatiempos del Instituto Cervantes, recoge un estudio de la relación de Altamira con el autor del Quijote, así como sus textos en torno a la obra cervantina.

 

Pie de foto → María Luz Altamira García-Tapia, nieta del homenajeado, introduce el legado en el cajetín n.º 1456 de la Caja de las Letras, ante la mirada del alcalde de El Campello, Juan José Berenguer (en último plano). Foto: Instituto Cervantes / Alberto Duque Carrasco

INFORMACIÓN